Diego Armando Maradona es un personaje al cual catalogo de Romántico. Quien lee esta oración podrá pensar al principio que es una locura lo que estoy diciendo, pero en las siguientes líneas voy a tratar de explicar el porque de esta idea.
Alfredo de
Maradona es un personaje que aunque no tenga ningún dilema siempre se los está buscando o trata de encontrar algún otro personaje para confrontar. Diego tiene esa capacidad de sentir, de recordar, de lanzarse hacia lo divino, hablando en el ámbito estrictamente futbolístico o sea, dentro de una cancha de fútbol. En el verde césped fue capaz de realizar lo inimaginable con una simple pelota atada a su zurda. Supo formarse un estilo y técnica propia tanto en un campo de juego como fuera de él, de tal manera que se lo puede catalogar como un Dios del fútbol. Él solo ganó un mundial, él solo en un equipo pobre y del sur de Italia ganó varios campeonatos y copas, y llevo a ese club y a esa ciudad (Nápoles) a lo más grande de la historia del fútbol mundial.
Diego posee esa imagen oscura a ojos del capitalista mundo occidental de doble moral (su fuerte adicción a la cocaína, amigo de Chavez, quiere ir a visitar Irán y conocer a su presidente), caótica y demoniaca: basta recordar el incidente con los periodistas y el rifle de aire comprimido en su quinta. La gente ama u odia al “Diego”, no hay intermedios. Maradona posee ese talento innato de los románticos, ese bien como don de la inspiración que llevaba a cabo en un partido. Hoy en día, que Maradona ya no juega, podemos entender como su arte le servía como una suerte de indemnización para consolar esas posibilidades irrealizables que él tenia. Diego está insertado en un contexto social que lo fue consumiendo y matando de a poco, es un enfermo por naturaleza, más allá de su problema con la droga, es un enfermo en el sentido que lleva a cuesta suyo la cruz del sufrimiento. Es la historia del chico que nació en la villa, nunca tuvo nada y a los 18 años empezó a poseer el mundo a sus pies.
Maradona lleva consigo ese dualismo de la vida y la muerte, del bueno y del malo. Nace y muere al mismo tiempo, los periodistas lo matan y reviven. Dentro del fútbol él desvalorizó todo lo claro y duradero: rompió con el mito de Pelé, llevó a un equipo pobre a la riqueza más grande, y siempre respondió, y de hecho lo sigue haciendo, con su hostilidad romántica.
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