Acrobacia desde la llegada. Entre una piedra y una flor, equilibrio benditamente buscado. Diario de viaje del recorrido humano. Cambian las letras, cambian los órdenes y el Mar sigue ahí.
Un abrazo bastaría para encerrar la noche. Unas manos de marfil para acompañar las lágrimas, un silencio en compañía para caminar el balcón, una melodía tarareada para aflojar contracturas, un soplo en la oreja para soltar cosquillas, un vientre de alelíes para apoyar los ojos, un espíritu libertario para hachar prohibiciones. Un abrazo bastaría para abrir la noche.
Abel Posse no debe ser Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires
Que sepamos, Abel Posse no redactaba directamente los discursos de los genocidas de las Juntas militares de la dictadura de 1976, aunque no se privó de participar en ella desde oscuros rincones. Sin embargo, parece haberse decidido a redactarlos ahora, treinta y tres años después. La institucionalidad democrática le parece un escenario apropiado para aplicar sus destrezas de escritura a favor del discurso del terrorismo de estado, hasta tal vez mejor que la propia dictadura. Por cierto, lo hace en la época en que tal discurso puede encontrar la oportunidad de sostenerse en el voto de quienes estén dispuestos a apoyarlo. Un gobierno democráticamente electo lo designa Ministro de Educación. Pone bajo su conducción la educación de los niños y jóvenes que en un futuro próximo serán, muchos de ellos, estudiantes universitarios.
Lo que nos parece gravísimo no es su presunto ánimo polémico, que no lo tiene, porque todo en su discurso es apología del terrorismo de estado, denigración de la defensa de los derechos humanos, humillación de los pobres y desamparados, difamación macartista de las izquierdas, del progresismo y de las memorias históricas y políticas. Su discurso conforma una pieza memorable del uso del lenguaje al servicio del mal, la violencia estatal autoritaria, el crimen de estado legitimado por la razón de la fuerza. Es un discurso que convierte a gran parte de la población en enemiga delicuencial y víctima de la ley y el orden proclamados en sus versiones perpetradoras del horror, y por ello mismo adversas a toda norma, a toda convivencia, al menor asomo de una condición colectiva democrática.
Lo que nos parece gravísimo es que un ministro de educación designado se permita formular semejantes nociones y que además pretenda hacerlas pasar por la expresión pública de una labor intelectual.
Lo que nos parece gravísimo es que se presuma, desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que la línea que ha sido atravesada por Abel Posse con sus infamantes y denigratorias palabras de violencia y crimen pueda ser tolerada por quienes profesamos un compromiso con la educación, la convivencia democrática y la apelación a la política como camino para dirimir diferencias y conflictos sociales, en lugar del crimen y la represión. Lo que nos parece gravísimo, entonces, no son sus opiniones -harto conocidas desde siempre-, sino el lugar desde el que se lo habilita para enunciarlas.
Desde nuestro ámbito, como docentes, educadores e investigadores de la Universidad pública, no podemos asistir a semejante acontecimiento sin manifestar nuestro horror y profundo e irreductible repudio ante lo que de ninguna manera constituye una polémica, sino un liso y llano atentado contra la vigencia de los derechos humanos y la democracia.
Llamamos a todas las comunidades educativas y a las fuerzas sociales, políticas y sindicales democráticas al pronunciamiento y la movilización contra el acto de lesa convivencia democrática que implica la designación de Abel Posse como Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
Es mi casa y debo sacarlo al sol. Lo busco furioso y él se esconde en las sombras de los cuartos. Habitaciones y más habitaciones atravieso hasta que lo agarro por detrás. A golpes le rompo el espinazo, gozando cada quebradura de sus huesos muertos. El sólo suelta chillidos infernales. Ninguna palabra, ninguna letra; su mandíbula se abre monstruosa desplegando los colmillos. Lo arrastro del cuello, (sí, del cuello) desgarrando su frac negro por todos los pasillos hasta llegar a la entrada principal. No ruega ni pide compasión, menos perdón. Entre los alaridos suelta alguna risa perversa y escupe rastros de sangre. Uso toda la fuerza que tengo para desterrarlo de mi hogar y tirarlo al jardín. El cielo es celeste puro y sol poder de luz.
Su cuerpo se arquea como una oruga y sus ropas comienzan a chamuscarse. Es un placer ver como su vientre se abre y su cuerpo se vuelve plástico verde ardiendo en fuego. Chilla y se contornea como una serpiente herida. Mientras, una delgada mano de mujer suavemente toma mi hombro y me da vuelta. Dos ojos como uvas verdes fulgurantes me sonríen. Con sus dedos finos acomoda mi barba con la dulzura suficiente para espantar el olor a muerto quemado. Cierro mis párpados y nos besamos hasta sacarnos la ropa. Eléctrico como un pez bajo más allá del vientre hasta sumergirme en su rosa de miel. Claros y vivos los pétalos se abren sobre el césped, mientras, el vampiro arde hasta volverse cenizas.
Es como si en tu mano ocurriera el Big Bang y sistemas solares nacen siendo yo un planeta orbitando a la velocidad de la luz. Flota el polvo de estrellas y supernovas violetas explotan al vacío.
Es tu mano, casi seguro.
Una palma dorada hirviendo que se hace vapor rojo en los anillos de Saturno, atrapa colas de cometas y dibuja constelaciones con forma de animales. La Osa Mayor mira alucinada, celosa por quedarse alejada.
De verdad, creo que es tu mano.
Cuando estoy a punto de aterrizar un agujero negro nos traga. y ya no es tu mano, y ya no soy un planeta. La tormenta cósmica pasa, llevamos la misma piel y como dedos traviesos nos entrelazamos jugando en la palma del Universo.
No es una historia de amor, no hubo ese calor en esta canción. En un puente colgante con sábanas de diamante, ojos de uva detrás de la negra lluvia deseando...acechando. Tela de raso oscuro contornea en canto el borde del escudo del caballero parco. Noche de lobos amaneciendo solos. Una flor desprende de su sien cuando grita liberando la pequeña muerte. Acto de misticismo, magia temblorosa. No fue amor el color de la pasión, sólo un vestido a una mujer fundido.
Un piano suena al estrellar el último avión en mi corazón azul. Abertura al agua acaudalada, tapada, anhelada. Intento hilvanarme a la fe sin cuerpo, sin símbolo, sin credo. Quiero sentir que la naturaleza cobija el Gran Canto, el Gran Fuego. En traspasar me esfuerzo la piel al ritmo de las montañas y ríos. Desgarro abriendo mi casa de barro y sangre a la sed única del Gran Viento. Dame intensidad dame inmensidad yo te daré mi ser en son de paz.
El amor es una mierda me dijo hoy una amiga, que estaba de novia con un chico que conoció por msn. El detalle de estos tiempos modernos es que nunca se vieron, más que por la cámara de la computadora. El vivía en Japón, ella acá. Por supuesto que él la dejó vía Internet un sábado a la medianoche y ella se quiso cortar las venas, no literalmente, pero casi.
El amor es hermoso, me dijo hoy mi hermano por sms. “¡Te quiero che….soy feliz…espero vos también!”. Nunca desprecio ni voy a despreciar una muestra de amor, aunque sea por mensaje de texto. El amor fue mi hermano en ese atardecer dominguero.
El amor no existe me dijo un cartonero que revolvía las bolsas de basura, en la puerta de mi edificio. “¿Es perro o perra?”, perro le respondí y el loco lo acarició, me trató de usted y se fue con los cartones para la avenida Corrientes.
El amor es duro cantaba Bob Dylan en mi balcón…bueno, Life is hard en realidad, pero casi que casi, vida, amor, si no son sinónimos le pegan en el palo. ¿¡Acaso Lennon no viene predicando hace más de cuatro décadas que todo lo que necesitamos es amor!?
El amor son mis sobrinos me dice siempre uno de los pocos descendientes de los Sioux vivo, que tengo por amigo. Le creí. Con los míos me pasa lo mismo, hasta sentir que me dan ganas de ser padre y todo, y ahí mi fantasma freudiano me dice "¡Uooo tranquilo carapálida, primero cruzar río, luego plantar campamento!”.
Entonces luego de tanto sentir, de pensar, de buscar (y seguir buscando); creo que quien es merecedor del amor eterno, del amor inabarcable, infinito y todos los sinónimos que cantan los boleros; es esa persona a la que cuando llames por teléfono a las tres y media de la mañana en pleno invierno, frío, casi congelado de tanto frío, y le digas nervioso como en toda primera vez “¡Tengo que deshacerme de un cadáver…!”, quien te responda, quien te ayude va a ser el amor verdadero.
Ella nada desnuda de un lado al otro en el agua verdosa y grumosa. Es una estatua blanca que silenciosa brilla en medio del pantano. Arranco una liana gruesa de un árbol y latigueo el agua. Sin carnada me aventuro al misterio del fondo del río y aguardo paciente como todo pescador. Una y otra vez saco y vuelvo a tirar la liana sin ni siquiera rozarla, a ella que pasea su cuerpo de mármol de aquí para allá. Entonces cuando más desatento estoy, violenta la liana se hunde tensando los músculos de mi brazo. Doy pelea y tiro hacia atrás, como un cohete atraviesa la superficie un pez de color verde amarronado. Contornea espasmódico en el aire su enorme cuerpo de placas prehistóricas. Cae arrastrándome hasta el borde de la costa. Ella, muda y radiante ni nos mira.
Varios tirones y minutos de pelea, y el pez cae atontado en la tierra. Para llegar al instante fatal lo tomo de la cola y varias veces doy su cabeza con todas mis fuerzas contra la baranda de un balcón. El pantano desviste en bosque, ella se derrite y las flores comienzan a brotar.
Encuentro una tabla de planchar con una plancha caliente y preguntándome “¿Adonde voy ahora?” plancho el pescado. Aliso su cuerpo mansamente y las placas rocosas se vuelven naranjas escamas. Con la tarea doméstica cumplida me pongo el nuevo traje y me arrojo al río.
Que el tipo estaba empecinado en sufrir. Y se imaginaba cómo el reloj del colectivo giraba sus agujas hacia atrás y entre otros pensamientos, visualizaba un cuento con números de protagonistas donde las matemáticas un día fallaran y al sumar 2 + 2 la calculadora diera 5. Todo para hacer más ameno el hoy que al fin al cabo era lo único que le importaba. Al lado le hablaban, atrás hablaban, pero las oraciones le entraban por un oído, cargaban nafta en el hipotálamo y salían por el otro. Lamentablemente, rápidas y vertiginosas las oraciones derraparon y se estrellaron contra la ventanilla del ómnibus.
En este caso el peatón fue el culpable (o el tipo que para el caso es lo mismo) ya que éste no se corrió del camino cuando las oraciones a una peligrosa velocidad exclamaron “¡A veces perdemos tanto tiempo enojados que nos olvidamos de ser felices!”. El tipo en cuestión, alguien común como vos, yo o la que con pies fríos pisa una lápida y se aleja en un espiral de luz; bramó “¡Joder! Que entre esa reflexión y mis ganas de saltar por la ventanilla ahora quiero convertirme en un sándwich de mortadela…”. Y un hada de arena de esas que leen la piel y cumplen deseos que iba en el asiento de adelante, lo tocó con su varita mágica. Eso sí, no lo convirtió en cualquier sándwich sino en uno de mortadela de pura sangre, con varios Grandes Premios encima que hoy descansan en alguna biblioteca de la vieja Babel.
Cansado de sentir, palpitando un poco de aire entre poesías y canciones; una leyenda escuchó: “Cuando quieras esconder algo, ocúltaselo al sol”.
Armó un globo aerostático con cientos de bolsas para residuo, lo ató a un cajón de mudanza que encontró en la calle y se elevó en medio de la noche, superando las nubes; las luces de la ciudad se perdían en hogueras artificiales.
Las palabras sirven para ocultar y en su viaje en globo yacía la verdad. La búsqueda, quizás, del calor. Un intento de preguntarle a la Creación por la receta de la alquimia mágica. No le interesaba convertir el plomo en oro o vivir eternamente encerrado en piel y huesos. Pero si la voluntad. Sí encontrar la primera llama de todas las almas. Quemar con esa alquimia las envidias y rencores que lo consumían. El egoísmo tan cancerígeno que se contagia con una puñalada por la espalda o arrojando a la basura un plato de comida.
La voluntad. La misma que lo llevo a fabricar el globo que lo conducía hacia la estratósfera. La misma que dilapidaba en quejas, sentado en una mecedora. Junto a ella ubicaba la escopeta de doble caño y hubiera sido tan sencillo dar por tierra con la voluntad, con silenciadores perdigones.
Pensó en regresar y buscarla. Pero el viento dominaba el rumbo, escapándose el destino de sus manos. A tal punto lo enfermó la inmanejabilidad de la situación, que batió sus manos con la velocidad de un alguacil, pidiendo desesperado a las águilas vigías que picaran el globo.
Se preguntó por la espalda de Dios, si está detrás del sol. Si puede encarnar nuevamente desde ahí. Si se encuentra detrás del sol el secreto, la fórmula para no estancarse, para crear con las distintas fuerzas de la naturaleza, para alquimizar o transmutar las dolorosas emociones en sanas.
***
El final (y el comienzo) tiene que ser la pregunta sobre lo que se pierde al elegir esa responsabilidad, la del creador, la del poeta que va hacia lo que vendrá. El que se lo tiene que imaginar, dejarse ser tomado por la musa, por la creación,por la luz y quizás después viajar por el Universo sobre un hilo que el Sol suelte…
1.El Guerrero nunca se rinde, muere dignamente con amor propio y fundido a su espada en el campo de batalla.
2.El Guerrero no avanza siempre desaforado y ciego de sangre. Se detiene cuando siente que más no puede y llora hasta que la voluntad y el deseo amanecen nuevamente.
3.El Guerrero acepta y asume su finitud, y siente a la muerte como una alquimia más del Universo. Y eso lo asusta.
4.El Guerrero descree de lo determinado y en cada paso germina su existencia.
5.El Guerrero templa su humildad para encontrar primero y exorcizar luego sus miserias, dolores y miedos.
6.El Guerrero emprende cada acción con todo amor, intensidad y pasión. Asumiendo los riesgos que ello implica.
7.El Guerrero entiende que en esta vida humana nunca será un ser puro, que sus miedos mutarán y lo constituirán hasta el fin de su existencia corporal.
8.El Guerrero contagia su espíritu a sus seres queridos, aprende de ellos, los acompaña a sol y sombra, los contiene y refugia en ellos, y bajo ningún punto de vista los abandona. Sobre todo con las almas que van naciendo.
9.El Guerrero sabe que no puede manejar todo y que la existencia es un mar tan inexplicable como sorpresivas e incontables las posibilidades que en el puedan surgir. Y que nunca va a saber que puede suceder con la próxima marea.
10.El Guerrero por sobre todas las cosas ama lo qué es y hace lo que hace porque ese camino construye voluntariamente. Y sabe que no puede ser nada más que lo qué es y cree en ello con todo su corazón.
Estoy encerrado en una celda cuadrada enorme y el techo de rejas metálicas roza mi cabeza. Las paredes son de piedra, el guardia de uniforme azul en el pasillo camina de un lado al otro repitiendo incesantemente ¡Cuidado con el monstruo, cuidado con elmonstruo, cuidado….! Su cara se difumina en la oscuridad y una poca estela de luz solar penetra la ventanita.
Miro para arriba, traspasando el techo enrejado las piedras del muro se erigen inacabables. Y de pronto el hueco se llena con una bestia de piel grumosa y seca; aterriza su brutal consistencia sobre el techo dando aullidos y rugidos. Sus tentáculos intentan agarrarme y yo me muevo de un lado al otro, esquivándolos, saltándolos; advirtiendo que su piel está entre el rojo y el rosáceo, como la carne humana pelada. Esta inhumana criatura persiste apoyada en el techo, presionando con su cuerpo; desde abajo sólo diviso una forma espiralada que termina en una boca negra e infinita, con cientos de colmillos blancos en cada canaleta que forman el camino hasta ella.
Entre salto y salto para eludir sus largas extremidades aparezco en un muelle que sin fin a la vista llega al horizonte. El piso es de madera y las barandas de concreto. El sol no aparece, sin embargo es de día y el cielo celeste resplandece sin reflejar ninguna nube en el alisado mar azul. A un lado y el otro del muelle llana la arena se extiende. Atrás mío oigo su voz. Sin verla (y no voy a hacerlo durante todo el sueño) percibo su pelo negro y esos ojos en forma de finitas estrellas. Es ella pero su ser no es con quien jugaba de noche en el balcón. Entre risas me dice que camino gracioso, que parezco Chaplin y sin cruzar nuestros rostros, lo imito haciendo distintas piruetas y ella ríe más dulce todavía. Y antes que el fantasma que no voy a ver se evapore, más adelante en el muelle unos horribles tentáculos se elevan por sobre el horizonte. Comprendiendo la situación, como el guerrero que no puede eludir su misión, me despido en paz celebrando el amor que nos dimos. Lo último que escucha de mí es que voy a seguir camino unos metros más hasta llegar al pozo cuadrado donde está el monstruo que voy a matar.
Un balcón verde imagina entre las hojas una estación de tren y una voz que se pierde. Entre el humo de la locomotora su falda asoma. Son las doce y la aguja en pose de soldado marca una lápida de cobre. Rechaza el ofrecimiento pues su musa prende misteriosa del firmamento.
"¿Dónde ocultas tus piernas sonrisa blanca?"
Pícara de las mejillas desprende un copo de luz para atravesar paciente el invierno hiriente.
"Dime luna ¿acortaremos en esta vida la distancia que nos ocupa?"
Ella sonrió y bailando insistió con la melodía que el Viento le dio.
Soy el Rey de los humanos y la Tierra entera es mi reino. La paz vive en el planeta y las armaduras de los ejércitos se oxidan obsoletas y vacías. Pero soy ajeno a dicha paz pues mi Reina ha sido raptada. Ningún trono o poder me importan sin ella a mi lado.
La última noche de luna llena la primera Divinidad Femenina que habitó la Tierra cuando esta se formaba entre polvos cósmicos, se apoderó del alma de mi Reina raptándola y desapareciéndola en el bosque. Mis mejores exploradores y perseguidores inútilmente emprendieron su búsqueda durante semanas. Cazarecompensas contraté para que fallaran tristemente. Magos y oráculos visionaron entre nieblas para hallar solamente silencio.
Entonces oscuro ya de amor y del calor de mi Reina estrellé la corona contra el trono y abandoné el castillo. Adentrándome en el bosque una a una fui desgarrando mis ropas reales. Angustiado en lágrimas y desnudo seguí avanzando entre los árboles hasta llegar a un valle. El sol iluminaba desde el centro del cielo y mis gritos ahuyentaron a los animales.
Cuando el astro y yo quedamos solos, cuando mis manos habían escarbado toda la tierra hasta llegar a la piedra y mis uñas sangraban, un viento eléctrico me levantó por los aires. Mis latidos llegaron al límite y fui sumergido en el río. En el remolino de agua sentí como con toda su potencia la primera Divinidad Masculina que habitó la tierra, me poseía hasta disolver mi alma humana.
Emergí del agua mostrando mis hojas al sol. El verde fulgor resplandecía trayendo de nuevo a los animales junto a mí. Mis raíces hondos surcos dejaban con cada paso. Entonces como una visión de mis apesadumbradas noches en el castillo, vi a mi Reina desnuda sobre una gran piedra lisa. La envolví con mis ramas que se extendían como enredaderas enamoradas y la poseí hasta que la fecundación dio vida a los nuevos dioses.
Esta investigación histórica no figura en ninguna enciclopedia o texto oficial. Pero la radio existe. Quien pase por el balneario uruguayo de La Paloma será sorprendido por las emisiones radiales de los duendes.
Según trascendidos periodísticos y el chismoso boca a boca de los nativos charrúas, el 14 de junio de 1995 una nave extraterrestre enceguecida por el faro del Cabo Santa María se estrelló en la costa. Lo único que testifica este hecho es una explosión similar a una Aurora Austral vista por unos pocos pescadores, ya que ningún resto de algo quedó en el lugar. Algunos dicen que una filmación en vhs registró el hecho, pero a dicha apócrifa cinta ningún medio ha tenido acceso hasta ahora.
A tres días de ese episodio todas las frecuencias radiales del lugar comenzaron a ser interrumpidas en millonésimas de oportunidades, sin aviso y horario fijo. Con emisiones que van desde dos frenéticos minutos punks de duración, hasta 24 maratónicas horas seguidas de poesías, monólogos, melodías de silbidos y cuerdas; los duendes transmiten su mensaje al poblado costero.
Los datos allanados permiten sospechar que un numeroso grupo de duendes, nereidas y otros espíritus de la naturaleza, se apoderaron del ovni caído hace catorce años. Apropiándose así, de la tecnología alienígena que les permitiría transmitir sus aventuras radiofónicas. Con los aparatos técnicos marcianos, no sólo logran hacer rebotar cualquier tipo de luz en el edificio desde donde emiten para hacerlo invisible al ojo humano; sino que también asaltan todas las frecuencias de AM y FM sin ser detectados.
Cansados estos seres de la violencia irracional de la humanidad y las violaciones al planeta Tierra, decidieron incursionar con su propio medio de difusión para contrarrestar la provocación del ser humano. Con la tecnología marciana, conformada totalmente por elementos orgánicos biodegradables que se cree se alimentan de energía solar, los rebeldes elfos y náyades aspiran a penetrar en la sensibilidad primaria de hombres y mujeres de todas las edades.
Su noble anhelo de revolucionar un cambio mediante imágenes radiofónicas, los puso también en peligro de vida. Sabido es que estos seres son esquivos y sólo se presentan cuando ellos quieren, por lo que esta aventura radial los dejó a la intemperie de oscuros cazadores. Así fue que el 15 de junio de 1995, los mismos pescadores que divisaron la colisión del objeto volador, avistaron también tres helicópteros negros de los que descendieron un grupo de uniformados. Nadie sabe de donde vinieron ni hacia donde fueron. Sí, que actuaron en la zona (no se logró descubrir aún que tareas realizaron) con un silencio estremecedor. Incluso, algunas crónicas orales de la época afirmaban que varios de los testigos del fenómeno fueron desapareciendo con el correr de las semanas.
Hay quienes aseveran que los gnomos y ninfas defenderán su clandestinidad hasta el momento en que los seres humanos tomen conciencia de que la naturaleza “No es ninguna estación de servicio, proveedora de la infernal maquinaria industrial que está devastando el planeta”. Lamentablemente no hay ningún documento o grabación, que certifique estas declaraciones. Como un pacto de silencio entre un abuelo y su nieto, los habitantes del balneario juraron no grabar ninguna emisión para que cada una sea un presente instantáneo único e irrepetible.
A pesar de la sombría marea en contra la radio de los duendes sigue al aire. Ningún nativo de La Paloma ha visto el edificio desde donde transmiten, pero continúan percibiendo esas fantásticas emisiones que no saben de horario o frecuencia.
Fuentes consultadas: Las intensas y lisérgicas dunas de La Paloma.
La disciplina y la decisión de la soledad no conocen dios. Estrangulan arterias, dosificando la respiración y así no hay mano amiga que sirva de consuelo. Como una mala noticia la caída llega y tarde es, cuando abandonamos las fuerzas y arenas movedizas nos tragan.
Un cuarto oscuro, una prisión de huesos y una manzana envenenada en el piso para cortar todo dolor. ¿Acaso hay gatos sonrientes o conejos apurados que nos arranquen de las depresivas garras solitarias? No. El deseo se vuelve olvido y el amor arrebatado o la angustia existencial lo son todo. Quizás un linchamiento de naipes armados nos haga más sencilla la tarea. Y todo el escenario, la actuación imaginada y el calor del abrazo mañanero se vayan con la puta compañía.
Tiburones desde el borde del balcón observamos mientras testeamos nuestro coraje. Y una carta pidiendo rescate se llevó la última paloma que nos quedaba. La luna se vuelve absurda aguardando la respuesta y las personas de fe un misterio. ¿Cómo harán para tener esperanza y continuar sintiendo que el camino no será solitario para siempre?
Una lanza en punta, un corazón espartano, una canción reparadora. Y a veces no alcanzan. Un cuerpo de guarida desesperados buscamos antes de que anochezca. Coincidencia de tonos, de pies, de enojos, de silencios…
En la negligencia a la fe nos revolvemos, como una profecía autocumplida; solo, sola, solos. Quizás cobardía, quizás destino, el tiempo dará el veredicto final. Mientras tanto Alicia está expulsada del País de las Maravillas...
Tengo sed y el living está inundado de arena. Tal vez un camello metalizado me lleve a rosados párpados, el problema es que ya no creo en el vil metal (ni en el amor a primera vista).
Riego con nombres los médanos de algodón, crecen así mudas y por la noche fantasmagóricas enredaderas (¡sádicas conquistadoras!) estrangulando mis arterias.
Tragedia... Mentiras en la imaginación, ticket de viaje para el dolor.
El Sol es un disco de concreto. Autopistas poceadas se cruzan serpenteando. Agarrado a la columna de un frío puente estoy. Partido al medio está este. Como el de unos metros más adelante. Como el de unos metros más atrás.
El asfalto donde continúo mi caminata es liso y brilloso, igual al sol. Adelante, bien lejos del último resto de puente el horizonte divide el cielo amarillo de la tierra seca. Restos de cáscaras de huevo y torsos de mujeres desnudas de mármol hay desparramados por el lugar. Sigo avanzando y una voz toca mi espalda. Una joven mujer acompañada por dos amigos míos; me pide que no me vaya. No tengo miedo pero sí repulsión al lugar. Debo irme, sin importarme lo que ella o mis amigos digan.
Con cada paso el bombeo de mi corazón se intensifica más. Acelero y ellos igual. Son mis sombras. Un hedor putrefacto nos inunda, a ellos no parece importarles, sólo reclaman, cada vez más insistentes y con violenta voz, que no los abandone ni me vaya de ahí. No puedo quedarme. El hedor, las autopistas destrozadas, los puentes por la mitad, las cáscaras de huevo amarillentas, los torsos de las mujeres petrificadas con cara de pánico.
Camino y camino y no me canso. Busco cada vez más desesperado una salida inhallable. Ellos parecen gozarlo. Uno de mis amigos me toma del brazo fuertemente, me suelto al mismo tiempo que lo insulto. Su cara deviene en rasgos malditos. Ella ríe.
Utilizando sus brazos las mujeres de mármol comienzan a arrastrarse hasta mí. Entre las cáscaras de huevos se mueven, cada vez más, metiéndose entre los puentes destruidos, en silencio, con el pavor delineando sus gestos. Los vacíos cuencos de sus ojos y las bocas negras hipnotizan mis pasos. Ella ríe. Ellos me toman de mis brazos. Otra vez, con baja voz monocordemente repiten que no puedo abandonarlos, que no debo irme. Buscando aire veo el sol gris encastrado en ese cielo cadavérico. Debo irme.
Estoy rodeado: ella detrás y mis amigos agarrando con más fuerza mis brazos. Los silenciosos torsos de las mujeres casi nos alcanzan. Debo dejar de mirarlas.
El sol se paraliza. Mis manos empiezan a vibrar. Sus palmas se iluminan en rojo. En rápido movimiento libero mis brazos y despego unos metros. Avanzo nadando en el aire, paso por debajo de otro puente roto. La desesperación me gana y no deja que pueda disparar los rayos de mis manos. Pierdo altura y uno de mis amigos me toma de los tobillos. Me devuelve al asfalto. Ella, habiendo perdido la risa se acerca corriendo y toma mi cara. Mientras sus manos arden, incesantemente repite que no puedo abandonarla. Mi respiración va disolviéndose por el vacío. Un jardín de alfileres brota en mi piel. Rodeado por todos y arrinconado contra la columna de un puente derruido. Con violencia me empujan contra el concreto.
Mis manos rojas pelean infructuosamente. Las mitades de las mujeres de mármol comienzan a rasgar mis zapatillas. Inflando el pecho lanzo un grito despavorido. Los torsos de las mujeres retroceden y sus cinturas comienzan a sangrar. Mis amigos chillan encarnizadamente. Ella se tapa los oídos y suelta una lengua de serpiente. Grito más fuerte, todo lo que puedo. Retroceden más todavía, acurrucándose entre ellos. No tengo voz. Se me nubla la vista. Un último intento, tengo que escapar, un último grito voraz que arrase con todo. Un último rugido que me aloja en un paisaje negro, sin horizonte.